Jun 09 2008
Zapatero, entre la crisis y la huelga de transportistas
Finalmente, como se temía, comenzó anoche la famosa huelga de transportistas, aquella que, sin remedio, hemos de sufrir durante los próximos días, si no semanas, y que amenaza con dejarnos a todos sin provisiones de todo tipo si no se resuelve pronto y de manera eficiente. El miedo se ha apoderado este fin de semana de millones de españoles que acudían como locos a supermercados y gasolineras formando espectaculares colas sin parangón hasta la fecha, como si de una inminente guerra nuclear se tratara.
Mientras tanto, los aguerridos transportistas amenazaban a diestro y siniestro con acudir, no sólo al paro de sus servicios, sino al boicot y el vandalismo más brutal, gritando con esas facciones asesinas que mostraban que todo esto acabaría “con victoria o en la cárcel”, en una clara y concisa declaración de intenciones, en la que añadían que pretendían “paralizar el país por completo” si el gobierno no atiende unas exigencias con las que no cuenta el resto de los sectores y que van en contra del libre mercado.
Divididos, ya que sólo una parte de ellos secunda esta huelga, esta mañana ya han comenzado a cumplir sus amenazas provocando retenciones masivas en las principales carreteras españolas a causa de los piquetes y la circulación de centenares de camiones a 20km/h por autopistas como la M-40, la A-1 o la A-6 en Madrid. Y es que hay gente que confunde el derecho a huelga con el vandalismo, tienen toda la legitimidad del mundo para protestar, su situación es verdaderamente muy complicada y es perfectamente comprensible que protesten por ello, pero eso no les otorga ningún derecho a paralizar el país y dejar sin suministros a una población española que no tiene nada que ver con el asunto y que mira, aún, con comprensión a este sector.
Y digo aún, porque creo que el mayor error que se puede cometer en estos casos es tocar a la gente, es decir, convertir a la población en víctima de las movilizaciones. Las personas comprenden bien las cosas hasta que les tocas las narices a ellas mismas, en cuanto vean que no pueden coger el coche ni comprar alimentos en el mercado la opinión pública no resultará tan comprensiva y comenzará a presionar a los transportistas como un arma que, sagazmente, utilizará el gobierno también en su contra. Pero esto no es nada nuevo, ya ocurrió hace unos meses en Francia con la huelga de transportes públicos que le tocó lidiar a Sarkozy, y es que, como se dice siempre, el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra (si alguno quiere saber cómo acabará este conflicto que le eche un ojo a lo ocurrido entonces en el país vecino).
De hecho, la batalla de acusaciones ya ha comenzado, ya que los transportistas acusaban esta mañana al gobierno de alarmar a los consumidares y responsabilizarles a ellos del desabastecimiento que podría provocar esta huelga. “Se está alarmando en exceso, precisamente por quien tendría que tener la responsabilidad de que eso no ocurriera. Parece que con eso se quiere echar una carga de responsabilidad encima de quien no la tiene. La (responsabilidad) la tiene quien no pone las medidas para que eso no ocurra”, dicen, lo cual es como decir: “Te voy a partir las piernas, pero la culpa es tuya, no mía, porque no me pagas lo que pido, si lo haces no te pasará nada”. Mi incredulidad y estupefacción es absoluta ante este tipo de extorsiones que, como de costumbre, ya estamos pagando los ciudadanos españoles.
¿Y el Gobierno, qué hace, a todo esto, para solucionar el problema? Pues, como de costumbre, nada de nada, poco más que excusarse y quejarse de que esto no es competencia suya, que ellos no tienen nada que ver con la subida del petróleo y por tanto poco pueden hacer para solucionar el asunto. Cada vez hay más gente que se pregunta para qué tenemos un Gobierno, si cada vez que hay problemas se escuda en su incapacidad para inmiscuirse en las decisiones de la UE o las autonomías. Pero es que esto no es más que la última demostración de su incapacidad para gestionar la crisis económica que nos arrecia. Esto… ¿he dicho crisis? Lo siento, quería decir “fuerte desaceleración”.
Ayer, como penúltimo capítulo de este macabro serial, Zapatero llamaba la atención al presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, por afirmar, en una rueda de prensa, que en el futuro igual tendrían que hacer “algún pequeño cambio en los tipos de interés para asegurar las expectativas de inflación”. El presidente español pedía prudencia al señor Trichet a la hora de realizar este tipo de declaraciones, indicándole así que lo mejor es analizar la situación, tomar una decisión y después anunciarla, y es que ya se sabe que el “pesimismo no crea puestos de trabajo”, como nos recordaba él mismo hace unas semanas. Lo que no entiende Zapatero es que las sorpresas en los anuncios sobre política económica provocan las más caóticas y volátiles reacciones en los mercados, razón por la cual los presidentes de los bancos europeos suelen dar pistas sobre la situación y sus futuras acciones para que no haya sorpresas al ejecutarlas y así los mercados se mantengan medianamente estables.
Desde hace meses en España ocurre todo lo contrario, se publican continuamente datos manipulados y previsiones imposibles que, semana tras semana, se demuestran erróneas. Con su actitud y sus declaraciones fuera de micro, nuestro presidente al menos da la sensación de conocer el problema, y es que antes de la ignorancia prefiero el engaño, ya que con este último, al menos, al darse cuenta de lo que pasa, se pueden tomar medidas más o menos efectivas, aunque en este caso no parezcan nada acertadas para acabar con esta crisis (llamemos a las cosas por su nombre). Y ahora, no contentos con meter la pata hasta el fondo ellos mismos, pretenden aleccionar a los demás sobre como meterla más. Por todo esto pido a Zapatero que deje trabajar en paz a los que saben y se calle de una vez.












1 Comentario
[...] en mi último artículo que el mayor error que podían cometer los transportistas en esta huelga era convertir a los [...]
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