Al estilo de Santiago Gómez Pintado, aquel candidato a la presidencia del Real Madrid, no tengo otra frase para describir el éxodo que está sufriendo el Partido Popular en las últimas semanas a raíz de la política de nombramientos que Mariano Rajoy ha venido llevando a cabo tras la derrota electoral. Primero Zaplana, luego Acebes, San Gil y por último Ortega Lara han sido los protagonistas de una serie de dimisiones y renuncias que han convertido la sede de Génova en un fuerte de batalla interna que pone en peligro la integridad de un partido dividido en dos grandes bandos, liberales y conservadores, que comparten más bien poco y que están irremisiblemente condenados a la escisión.
Los sectores más conservadores, también llamados popularmente “aznaristas” o “ala dura” por algunos medios, parecen reacios a pasar el testigo a un grupo de jóvenes liberales que rechazan todas aquellas posiciones radicales y autoritarias de sus antecesores, proponiendo un nuevo modelo de partido más centrista y negociador que les ayude a recuperar la confianza de los españoles.
Hace poco más de 8 años que la cúpula del PSOE decidió convocar un gran congreso nacional para elegir, a través de unas primarias, al secretario general y futuro candidato del partido en las elecciones generales venideras para así, con el apoyo de los miembros del partido, erradicar del mismo a aquellos grupos de socialistas radicales que seguían insistiendo en imponer sus principios marxistas en nuestro país. Cuatro años después, y con una gran mayoría de caras nuevas que conformaban lo que Zapatero llamaba “La Nueva Vía” (más centrista y moderada), consiguieron de nuevo el apoyo de unos españoles que poco tiempo antes les tildaba de corruptos y rojos.
¿No debería el PP hacer lo propio? ¿No debería deshacerse de todas aquellas personas que ensombrecen la imagen del partido, sea o no merecidamente? Los españoles tienen que darse cuenta de que algo ha cambiado, de que ha existido una verdadera renovación en el partido. Como decía hace unos días un columnista cuyo nombre no recuerdo, una vez hemos conseguido pasar con éxito La Transición hacia la democracia en nuestro país, debemos construir una segunda Transición, la que nos lleve a la democratización de los partidos políticos, que acabe con las elecciones a dedo de los candidatos y los caciquismos empleados por los antiguos miembros de gobierno.
En el caso actual del PP, las dimisiones de representantes de estos sectores afines a Aznar, que es quien parece estar orquestrando este ataque sin reparos a la figura de Mariano Rajoy, no hacen finalmente sino librar al partido de estas figuras poco valoradas por la gran masa pública, lo cual es definitivamente bueno para el PP. Las razones esgrimidas, en general, se realacionan con una falta de confianza en el líder popular por su presumible cambio de política en muchos aspectos esenciales de la política española.
Pero quienes son estas personas, por supuesto que no están elegidas al azar, sobre todo las dos últimas, San Gil y Ortega Lara. Se trata de personajes que gozan del respeto que les da su situación y su pasado, una imagen irrefutable de valor y principios fijos que nos les otorga en absoluto la razón en sus ideas. Estamos de acuerdo que San Gil es una mujer integra y tiene un par de narices, no lo discute nadie, pero eso no impide que se trate de una mentalidad absolutamente cerrada y extremista, y que menos decir de Ortega Lara, que el hecho de haber permanecido año y medio secuestrado por ETA no le otorga, en absoluto, capacidad para la política ni razón sobre el resto de los españoles. San Gil decía ayer que antes de tomar su decisión habló largo y tendido con Aznar, pero que éste no le había dado ninguna pauta concreta. Ya… Resulta ridículo acudir a protestar al ex-presidente sobre algo que entra dentro de la normalidad política, como es la renovación de un partido que ha perdido dos elecciones consecutivas, especialmente esta última en Cataluña y el País Vasco, donde esta señora ha cosechado un estrepitoso fracaso, que por algo será.
Hace bien, pues Rajoy, en no insistir demasiado en su vuelta atrás (45 minutos en un hotel no parece mucho interés por parte del candidato popular), ya que no hay ninguna razón por la que éste deba plegarse a las peticiones de la ya futura ex-presidenta del PP en el País Vasco. Está claro que su proyecto ha fracasado estrepitosamente en esa zona, igual que en Cataluña, y es que la política territorial no debe necesariamente ser tan radical, no negociar con terroristas no tiene por qué implicar cerrarse en banda con los partidos nacionalistas no violentos; los nacionalistas existen en España, hay que aceptarlo, pero no rechazarlos radicalmente, se trata de pactar con ellos, negociar, sentarse, en definitiva, con ellos y llegar a consensos y acuerdos bilaterales. Y lo mismo debe hacerse con otros sectores de la política, como la inmigración, la homosexualidad, la sanidad, la educación, etc.
Pero, ¿puede un candidato presidencial como Mariano Rajoy cambiar sus ideas políticas de la noche a la mañana? Algunos creen que no debe y que le quita credibilidad. Yo, sinceramente, no lo veo de esa manera, por desgracia. Nunca he visto a Rajoy cómodo en el papel que se ha visto obligado a interpretar como candidato, no creo, de verdad, que se considere conservador ni comulgue con muchas de las ideas que le han impuesto, le consideró una persona políticamente liberal y mucho más centrista, el problema es que lleva cuatro años rodeado de una serie de personas muy poderosas, afines y apoyadas por Aznar, que no le han permitido libertad de movimientos.
Ahora, hace unos meses, ha perdido unas elecciones generales con la mencionada carga y ha decidido, definitivamente, intentarlo con fidelidad a sus ideas, las originales, y la única manera de llevar esto a cabo no es otra que formarse su propio equipo de trabajo, con gente jóven y con ganas que aporten al partido unas ideas más modernas y moderadas que les ayuden a alcanzar la confianza de la población española.
Sigo sin ver a Rajoy como el candidato perfecto, pienso que los hay mejores en el partido, pero también creo que si estoy en lo cierto tiene derecho a intentarlo, y le veo dispuesto a desprenderse de toda el “ala dura”, sin tapujos y con muchísimo valor, para conseguir su objetivo. Veremos, tras el congreso de junio, cómo evoluciona esta guerra sin cuartel que, por desgracia, parece que no terminará hasta el final de la legislatura.
Por lo pronto ya tenemos organizada una buena para mañana viernes; a las 12 de la mañana, coincidiendo con la reunión de Rajoy con los alcaldes para discutir sobre financiación local, hay convocada una quedada en favor de María San Gil y Jose Antonio Ortega Lara, con su correspondiente contra a la misma hora en favor del presidente popular, ambas convocatorias difundidas por el medio de moda en esto de la política, el SMS. Miles de bromas han salido y saldrán mañana a raíz de todo esto, y los simpatizantes del partido, pegándose entre ellos ante la sede nacional.

Guerra de SMS en el PP
Y a todo esto, Zapatero disfrutando de una oposición más que tranquila.