May 11 2008

Corrupión policial en Coslada

Como todos los españoles, llevo días siguiendo con indignación la trama de corrupción policial que, al más puro estilo siciliano, lleva más de diez años extorsionando a ciudadanos y empresarios de Coslada. Acusados de “delitos de extorsión, amenazas, chantaje, cohecho y corrupción”, se han ido sucediendo, desde el día de la detención, historias variadas acerca de los macabros procedimientos utilizados por los secuaces de Ginés Jiménez, jefe de la Policía Local del pueblo madrileño: registros en restaurantes que no les invitaban a cenar, bares de copas y locales de alterne cerrados arbitrariamente por la misma razón, ciudadanos agredidos físicamente sin motivación alguna, y un largo etc.

Ginés Jiménez, alcalde de Coslada

Después de ver esto nos preguntamos todos ¿esto no era exclusivo de lugares como norteamérica?, ¿ocurrirá lo mismo en otras ciudades españolas? En lo que llevamos de año, son cinco ya los procedimientos efectuados contra policías por delitos como corrupción, extorsión o apropiamiento indebido, circunstancia que debería hacernos pensar seriamente en la forma de terminar con todas estas prácticas. La ausencia de asuntos internos en los municipios permite a los miembros de la policía local realizar estos actos casi libremente, siendo responsabilidad del concejal correspondiente realizar las investigaciones pertinentes.

El problema es que, en Coslada, el ayuntamiento ha ayudado más bien tirando a poco, eximiéndose, tanto el alcalde como su concejal de seguridad, de toda responsabilidad en el asunto aprovechándose del tan socorrido recurso de la ignorancia, citando a Sócrates, “yo sólo sé que no sé nada”.

Si hubiera tenido indicios habría actuado.

Ángel Viveros, alcalde de Coslada

En las actas de inspección de los bares y locales de copas había mucha subjetividad.

Antonio Murillo, concejal de Seguridad y teniente de alcalde de Coslada

¿Indicios? ¿Mucha subjetividad? Claro que no había denuncias, a ver quién era el guapo que las ponía. ¿Aceptan que había rumores (más bien voces en grito) pero no se dignan siquiera a echar un vistazo a ver qué estaba ocurriendo? ¿Y pretenden que nos lo creamos? Qué debe esperar un pueblo de un alcalde que no se entera de sus problemas, que no vela por sus intereses (los de los ciudadanos, claro), y que permite este tipo de situaciones.

¿Y el concejal de seguridad? Ahora dice que la policía estaba muy jerarquizada y que faltaban cargos intermedios. Pues él es el supuesto jefe de Ginés Jiménez, aquel que debía haber tomado aquellas decisiones o, al menos, haberse asegurado de que tal cosa se realizaba. Ahora el alcalde se escuda en la operación Guateque y la ausencia de dimisiones de altos cargos como consecuencia de la misma. Sinceramente, no creo que le sirva de nada recurrir a tan zafia excusa.

Y, si todo lo anterior producía vergüenza ajena, lo siguiente ya pone la guinda. Los dos principales partidos políticos comienzan una guerra de responsabilidades sobre el suceso, situación francamente estúpida teniendo en cuenta que los hechos han ido ocurriendo en un período de tiempo en el que gobernaron, de manera alterna, ambos partidos.

Es ahora, con otro alcalde socialista, cuando se interviene judicialmente y se abre todo el proceso de investigación.

Tomás Gómez, secretario general del PSM

En este contexto, resulta hasta cómica la frase del líder socialista en Madrid, alegando semejante memez, teniendo en cuenta que el alcalde decía estar sorprendidísimo y que no había actuado por falta de pruebas. Ha tenido que ser la policía nacional, partiendo de la denuncia de unas prostitutas, quien realizara la investigación y ejecutara el arresto. Esto es lo que se llama oportunismo político, ¿verdad, señor Gómez?

En cualquier caso, dejando aparte toda esta discusión, yo me pregunto una cosa: si toda esta trama era conocida (mejor o peor) por todo el pueblo desde hace más de 10 años, e incluso ha existido un “archivo y una reposición” de Ginés Jiménez en 2001, ¿por qué ha ocurrido todo esto ahora? ¿pueden conseguir unas protitutas lo que no han conseguido hosteleros y empresarios durante todo este tiempo? ¿se esconde algo más detrás de toda esta historia? ¿Venganzas? ¿Ajustes de cuentas? Supongo que nunca lo sabremos.

Autor: Luis Sancho | Categoría: Opinión
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4 Comentarios

rodrigo
Mayo 12, 2008 11:42 am

y ¿q solución propones?

Mayo 13, 2008 3:46 pm

Hacerles una web :)

Mayo 14, 2008 12:17 am

La verdad es que poco se puede hacer, teniendo en cuenta que aquí todo el mundo está en el ajo. Dicen que sin denuncias no se puede hacer nada porque los rumores y el “todo el mundo lo sabe” no valen como prueba en un juzgado. Yo discrepo, cualquier miembro del ayuntamiento, ante cualquier rumor, podría simplemente haber acudido a un restaurante y corroborar los hechos cuando Ginés exigiera la invitación, por ejemplo.

Pero nadie iba a hacerlo, porque no interesa, o por mil razones, hasta que alguien decide sacarlo a la luz pública, bien por un ajuste de cuenta, o como cortina de humo, o lo que sea que haya ocurrido. Además, luego nos encontramos espectáculos como el que está dando Ginés en los juzgados, da pena verle mentir de esa manera. En fin…

Ro
Mayo 14, 2008 8:19 pm

El punto de vista pesimista, que quizá es con frecuencia el más ajustado a los datos, nos diría que no, no se puede hacer nada; como mucho sentir una leve punzada de alegría porque hayan roto esta cadena de impunidad. Pero, el más pesimista aún, y ya sé que no por eso más correcto, sugiere algo que a pesar de todo la intuición creo que se empeña en que tiene mejor ajuste que los modelos ponderados: esto ocurre casi siempre en casi todos los sitios, todos lo saben y no puede evitarse, sólo mantener controles para que se mantengan las formas y que los abusos no sobrepasen ciertos límites y, en último extremo, como decía Brecht: “no se puede tener mala suerte”. Vaya, confiar en que no te toque. El punto de vista levemente optimista querría indicar que esto es un síntoma de salud democrática, aunque el pesimista rápidamente le corrige con el argumento de que esto es sin duda una lección en un lugar elegido no del todo al azar. No tengo ni idea de lo que diría el optimista outlier, pero está claro que la casualidad informativa es un lujo que algunos jamás se permiten y que no hace falta preguntar mucho para saber que lo de Coslada ocurre con mucha más frecuencia que la que una democracia normal toleraría. Cosas de un país burbujeado, por otra parte.

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