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Karl Marx

Abr 14 2008

“Resurrección”, la segunda de Mahler: morir para vivir

Gustav MahlerSinfonía Nº2 En Do Menor “Resurrección” (1895)

Gustav Mahler

Esta sinfonía es posiblemente mi favorita, y aunque no es precisamente la más adecuada para iniciados, demuestra una tremenda expresividad en cada uno de sus pasajes y una variabilidad en sus temas que deja bastante sorprendido al oyente, llegando a intercalar incluso uno de sus “lieder” (canciones) para contralto como cuarto movimiento.

Estos son los rasgos típicos de la obra de este compositor austriaco, encuadrado en ese estilo post-romántico de finales del siglo XIX y principios del XX, y cuyas composiciones irían sirviendo progresivamente de base para la música atonal y el serialismo que comenzó a hacerse eco en la decada de los 20. A partir de ahí la música pasó a tener un significado semejante al que posee la pintura abstracta, que entienden (tal vez) los expertos pero que resulta absolutamente vacía y desconocida para el público en general. Por suerte, Mahler, aunque sirvió de inspiración, no llegó a tocar aquellos límites, así que su música puede ser considerada un límite en el desarrollo de la música tonal que durante más de tres siglos estuvo vigente en el mundo de la música.

La sinfonía que trato de describir es la segunda y más fácil de las 9 que compuso Mahler a lo largo de su vida. Se trata de una de las escasas sinfonías en la historia, como la célebre novena de Beethoven o la segunda de Mendelssohn, en incorporar la voz humana en forma de coros y solistas, cerrando, al igual que hiciera Beethoven 71 años antes, de manera magistral, otra esplendorosa obra de arte.

El final es el más sobrecogedor que he escuchado, por suerte para mí incluso en vivo interpretado por el Orfeón Donostiarra, lagrimas caían de mis ojos. No puede ser más espectacular y glorificante, en el cual Mahler quiere celebrar su resurreción (de ahí el sobrenombre) tras la muerte que venía anunciando durante el resto de la sinfonía. Os recomiendo encarecidamente que la escuchéis a conciencia.

Aquí tenéis una bonita y completa guía para seguir esta obra. Escrita (la guía) por Carlos Tarín en Melómano Digital, explica movimiento a movimiento (con fotos de la partitura incluidas) el desarrollo de la sinfonía y el sentimiento y mensaje que el compositor ponía en cada uno de sus desarrollos (exige registro gratuito en la web).

Primeros compases de la Sinfonía

Primeros compases de la Sinfonía

Os dejo como regalo ese “finale” tan fantástico que cierra la sinfonía, una auténtica obra de arte de belleza suprema que aconsejo escuchéis entero (4m44s de soberbia resurrección). Debajo tenéis un texto descriptivo de lo que va sucediendo (correspondiente fragmento de la citada guía), por si queréis comprender qué es lo que el compositor quería expresar con este maravilloso final.

En un pasaje doloroso (en La bemol mayor), soprano y contralto se enzarzan en vivo diálogo de entradas canónicas, donde dejan ver claramente que la muerte así ha sido vencida, convergiendo finalmente a partir de “Zum Licht…”, cuando se alce el vuelo “hacia la luz que ningún ojo ha visto”. El coro insiste en esta idea de elevación (”Mit Flügeln…”), sobre el tema capital que ahora señalamos, también en entradas imitativas. Poco a poco todos los elementos se van sumando en un crescendo amplio que termina en forma de coral sobre las palabras que Mahler añadió al texto de Klopstock, y que resumen el sentido de la sinfonía: “Moriré para vivir” (Sterben werd’ ich, um zu leben!), tema en aumentación con respecto al ya presentado anteriormente.

El coro vuelve a repetir la melodía, aún más fuerte, desde la dominante de Mi bemol, un efecto que enfatiza aún más la frase, junto a la retención del tempo, trémolos en timbales y madera, o la misma situación cadencial en que se plantea, todo lo cual conduce finalmente a Mi bemol mayor.

Un coral se levanta sobre la última estrofa, que comienza nuevamente sobre el texto Resucitarás, aunque el tema definitorio lo exponen trompetas y trombones. Las sopranos alcanzan el Si bemol cuando aluden al corazón (Herz) que resucitará en un instante, elevándose la melodía progresivamente, primero sobre was du geschlagen (”lo que has sentido”), hasta terminar triunfalmente sobre zu Gott wird es dich tragen! (”hacia Dios te llevará”).

A partir de aquí, quedará el tema de la resurrección en las trompas, luego en las maderas, subrayado por arpegios en las arpas, campanas, trémolos en la cuerda o golpes de gong chino en constante crescendo, que pondrán un vivificante punto final a la obra. Visto en conjunto, el tránsito ciclópeo desde el lóbrego y desesperanzado Do menor inicial al brillante y trinitario Mi bemol final completan la visión celular de una sinfonía pensada para sobrevivir.

Como curiosidad acerca de esta obra explico la siguiente anéctoda:

Gilbert Kaplan, un millonario editor norteamericano que siempre deseó dirigir esta sinfonía desde que la escuchó por primera vez en vivo (1965, en un concierto dirigido por Stokowski) y se enamoró perdidamente de ella. No fue hasta 1981 cuando empezaría a tomar clases de dirección de orquesta para poder alcanzar su tan anelado sueño, y vaya si lo consiguió.

En 1987 grabó la “Resurrección” con la London Symphony (publicada por el sello Conifer Classics), y convirtió la edición en el disco más vendido de Mahler en toda la historia. Desde entonces ha dirigido esta obra por todo el mundo, junto a más de 50 orquestas (incluyendo la Sinfónica de Pekín en el estreno en China de la sinfonía). Ahora tiene ya contratada su segunda grabación de la partitura, esta vez para la Deutsche Grammophon, uno de los sellos más prestigiosos del mundo de la música clásica. Todo un ejemplo de perseverancia la de este señor.

Autor: Luis Sancho | Categoría: Música Clásica | 2 Comentarios
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