Jun 20 2008
El congreso del PP y la segunda Transición en España
Este artículo, probablemente, debería haberse llamado “La segunda parte de la Transición Española”, ya que el uso tan ligero y frecuente que muchos dan a la marca “Transición” la han convertido ya en un recurso esencial cuando tu objetivo político consiste simplente en convencer al público de que algo va a cambiar; demagogia pura, vaya. Y es que todas son “segundas transiciones”, ya que ninguna de ellas termina de arraigar, entre otras razones, porque su único sustento es eso, la demagogia.
No es el caso que nos ocupa, ya que no pretendo hablar de un nuevo cambio en la mentalidad de la gente, ni tan siquiera de la llegada del tan ansiado progreso, no es posible hablar de una segunda transición en España teniendo en cuenta que, en mi opinión, nos queda alguna gran asignatura pendiente para culminar la primera. Soy consciente de que la Transición Española acabó hace ya bastantes años; algunos hablan del 82, cuando la izquierda, por fin, goberno el país a través de unas elecciones verdaderamente democráticas, otros, como yo, opinamos que no se completó hasta el 96, año en el que los españoles comprendieron que no sólo la izquierda puede gobernar y que la derecha no tiene realmente nada que ver con el infausto régimen franquista.
Aún así, tantos años después (sean 12 o 26) de conseguir democratizar un país hasta entonces absolutamente dividido en dos bandos feroces, “las dos españas”, lo cual no debe ser sino enorme mérito de aquellos políticos de un consenso, no hemos conseguido completar el segundo gran proceso necesario para alcanzar dicho fin: la necesaria democratización de los partidos políticos. Y digo esto porque la democracia, sin ello, no es tal, y por lo visto estos últimos años, por mal camino vamos.
El bipartidismo que venimos sufriendo en España desde hace años no lleva más que a agravar la situación, ya que es imposible englobar todas las ideologías políticas existentes en tan sólo dos grandes partidos, sobre todo teniendo en cuenta que su falta de democracia interna les lleva a adoptar tan sólo una de ellas, la del presidente y su equipo, durante años, despreciando la opción de millones de afiliados incapaces de encontrar respaldo a sus ideas. El arma más letal que existe en la democracia de un partido no es más que el dedo de su presidente, estirado y siempre presto para eligir a sus anchas a todo tipo de cargos y a los sucesores al suyo.
El inmenso poder que ostenta la cúpula de los partidos en nuestro país no tiene cabida en un sistema absolutamente necesitado de consenso, moderación, pluralismo y libertad ideológic@s, lo cual sólo puede conseguirse a través de la participación y la opinión de los españoles. El bipartidismo existente no será tan acusado si dentro de cada partido existe, a su vez, diversidad de ideas y propuestas aunque, mediante elecciones primarias abiertas, acabe por presentarse una sóla de ellas, con cabida y representación para todas las restantes.
Todo esto viene al caso del Congreso Nacional del PP, que este fin de semana se celebra en Valencia, en el que, en principio, se pretendía elegir al candidato y presidente del partido para los próximos años, y digo se “pretendía” porque ya está elegido desde hace tiempo, se llama Mariano Rajoy, y no ha permitido que nadie planteara siquiera la posibilidad de intentar hacerle frente, lo hizo Esperanza Aguirre, y le ha costado un buen revolcón político que ha aprovechado a las mil maravillas sun más encomiado rival, Alberto Ruiz Gallardón, para hacerse valer como fiel escudero del líder popular. El resultado: Gallardón sube y Aguirre baja en cuanto a valoración por parte de los votantes del partido. Juan Costa lo intentó después, pero rápidamente tuvo que recular por falta de apoyos.
Y así las cosas, nos encontramos con un sólo candidato que será, lógicamente, elegido y la única manera de mostrar desacuerdo será mediante el voto en blanco, opción que será analizada por primera vez con lupa para medir el apoyo que coseche un Mariano Rajoy que, por otra parte, como ya dijera yo hace unas semanas, merece esta oportunidad de gobernar el partido con su equipo y a su manera después de cuatro años soportando las imposiciones de una herencia cuya radical ideología y crispada oposición le ha llevado a perder unas elecciones que han tenido como principal responsable la política nacionalista en el País Vasco y Cataluña (23 escaños de diferencia en estas dos regiones cuando la general fue de 15), liderada por la tan vitoreada María San Gil (responsable de los peores resultados del PP en la historia en Euskadi) y Daniel Sirera.
Pero la prueba definitiva de la falta de concepción democrática interna en el PP radica en la diferencia entre los números de participación y elección de compromisarios en el congreso de este fin de semana y el que ha de celebrarse en dos semanas en Madrid por parte del PSOE:
- En el caso de los socialistas, 4.551 asambleas convocadas por las agrupaciones locales y 52 “congresillos” provinciales para que el 65% de los 350.000 militantes del PSOE votaran a las 350.000 personas que acudirán al mencionado congreso a pesar de que, curiosamente, el partido pase actualmente por uno de sus mejores momentos, por lo que no se ha de tomar ninguna decisión excesivamente importante como elegir líder o cambiar la línea política del mismo, el único objetivo es consensuar una serie de decisiones direccionales que les ayude a mantener su situación.
- Estos datos contrastan con los ofrecidos por el PP, ya que sólo un escaso 3,67% de los 748.000 afiliados del partido ha participado en las votaciones para elegir a los 2.500 compromisarios que acudirán a un congreso que, como sabemos, debería tener una trascendencia mucho más importante en el devenir del partido, comenzando con la consolidación de un líder que ilusione y convenza para ganar las elecciones que vendrán en los próximos cuatro años (autonómicas, municipales, europeas, generales, …).

Por lo menos, Rajoy ha tenido el detalle de hacer público su equipo antes del congreso, no estaba obligado a ello, pero es que sería ya el colmo que los compromisarios le eligieran sin opción siquiera de conocer a la gente que va a trabajar con él. Los elegidos son María Dolores de Cospedal, como secretaria general, y Ana Mato, Esteban González Pons y Javier Arenas, como vicesecretarios de organización, comunicación y territorial, respectivamente. La elección, curiosamente, ha gustado a todos, populares y no populares, por lo que el partido ha cerrado filas en torno a ellos y afronta el congreso quizás en el mejor momento de unidad de los últimos meses, pero estos tres días prometen depararnos aún algunas sorpresas y momentos de tensión y ruido por parte de un sector, el aznarista, que promete morir luchando o, al menos, gritando.
Por lo pronto, el discurso de Aznar ha sido traspasado al sábado (relegado pues a un segundo plano), dejando el domingo el total protagonismo al líder ¿sólido? Mariano Rajoy. El lunes… hablamos.






Decía en
Y es que, después de llegar a un acuerdo con el 88% de transportistas y el 100% de taxistas y pescadores, el 12% restante de los primeros han decidido, no sólo seguir los paros con reivindicaciones que no les corresponden, sino coaccionando y obligando al resto a conducir con escolta por miedo a piquetes y represalias violentas que ya se han producido en varias ocasiones, incluyendo
Julio Villaescusa, presidente de Fenadismer, una de las convocantes de la huelga, y 

Finalmente, como se temía, comenzó anoche la famosa huelga de transportistas, aquella que, sin remedio, hemos de sufrir durante los próximos días, si no semanas, y que amenaza con dejarnos a todos sin provisiones de todo tipo si no se resuelve pronto y de manera eficiente. El miedo se ha apoderado este fin de semana de millones de españoles que acudían como locos a supermercados y gasolineras formando espectaculares colas sin parangón hasta la fecha, como si de una inminente guerra nuclear se tratara.
Mientras tanto, los aguerridos transportistas amenazaban a diestro y siniestro con acudir, no sólo al paro de sus servicios, sino al
Al estilo de Santiago Gómez Pintado, aquel candidato a la presidencia del Real Madrid, no tengo otra frase para describir el éxodo que está sufriendo el Partido Popular en las últimas semanas a raíz de la política de nombramientos que Mariano Rajoy ha venido llevando a cabo tras la derrota electoral. Primero
Hace bien, pues Rajoy, en no insistir demasiado en su vuelta atrás (45 minutos en un hotel no parece mucho interés por parte del candidato popular), ya que no hay ninguna razón por la que éste deba plegarse a las peticiones de la ya futura ex-presidenta del PP en el País Vasco. Está claro que su proyecto ha fracasado estrepitosamente en esa zona, igual que en Cataluña, y es que la política territorial no debe necesariamente ser tan radical, no negociar con terroristas no tiene por qué implicar cerrarse en banda con los partidos nacionalistas no violentos; los nacionalistas existen en España, hay que aceptarlo, pero no rechazarlos radicalmente, se trata de pactar con ellos, negociar, sentarse, en definitiva, con ellos y llegar a consensos y acuerdos bilaterales. Y lo mismo debe hacerse con otros sectores de la política, como la inmigración, la homosexualidad, la sanidad, la educación, etc.

Pues parece que, poco a poco, se van aclarando las cosas en el seno del Partido Popular después de que hoy anunciará su marcha el último de los escuderos de Aznar, siempre considerando como tales a todos aquellos que no se llamen Mariano Rajoy, claro. Es curiosa la renovación que con tanto orgullo está liderando el jefe de los populares, “relevo generacional” lo llama, que pretende ser una ruptura con el “aznarismo”, con la generación que compartió gobierno con el expresidente, aquellos con los que la opinión pública no resulta favorable ni en el caso de sus más acérrimos votantes.

Durante la última semana todo el país ha estado atento al
Hace aproximadamente un mes le ocurrió algo similar a nuestro vecino, Francia, con el secuestro, también por piratas en una zona similar del Índico, de un yate de lujo. Sarkozy pagó, sí, pero una vez contó con el control del yate,

Esta frase, pronunciada por 





