La vergüenza de confesar el primer error, hace cometer muchos otros
La Fontaine

Ene 02 2012

La influencia del director en la música

Por Luis Sancho

Daniel BarenboimLeía ayer, en un artículo sobre el tiempo de Beethoven, las diferentes interpretaciones que los directores musicales contemporáneos tienen sobre la velocidad (como quien dice) a la que deben ser interpretadas sus obras, según sus indicaciones anotadas en las partituras. A menudo se ha dicho que estas indicaciones denotaban un deseo del compositor de que sus obras fueran interpretadas a una velocidad que muchos consideran excesiva, e incluso que eran fruto de un error al usar el recién inventado metrónomo.

Para entender todo esto un poco mejor, me gustaría escribir un apunte al respecto.

En una interpretación de música clásica (tal como la llamamos) u ópera, el director musical es aquel señor vestido de negro que se encuentra de espaldas al público agitando su batuta a diestro y siniestro. El es el jefe, el que se encarga de transmitir a sus músicos la manera en la que quiere que suene la obra en cuestión, tiene que inculcarles sentimientos mediante una velocidad y un ritmo que la hagan parecerse lo máximo posible a lo que el compositor tenía en el corazón, o ellos mismos sentían al escucharla.

Es por ello que cada uno tiene su particular manera de entender una determinada sinfonía o un concierto, habiendo incluso algunos que modifican ciertos compases de la partitura original e introducen o eliminan instrumentos, en el caso de que consideren “mejorable” el trabajo del compositor original.

Curiosamente, y aunque el propio Beethoven era considerado el mejor compositor a la hora de desarrollar una obra en su conjunto (movimiento, fraseo, composición, …), muchos opinan que no era un buen orquestrador (elección de instrumentos para cada acorde o fragmento), quizás propiciado por su cada vez más sensible sordera, con lo que es uno de los compositores a los que más retocan sus partituras.

Como decía, el director maneja con la mano derecha la velocidad con la batuta, mientras que la izquierda se encarga de dar las instrucciones pertinentes a los músicos, como la fuerza o suavidad de un fragmento, el carácter ligado de las frases musicales, la actitud y sentimiento de las mismas o marcar el momento en que un determinado grupo (por ejemplo, los cellos) debe comenzar a tocar.

Como es lógico, se necesita mucho tiempo para conseguir estampar en una orquesta el carácter que el director quiere para una obra que los músicos han interpretado varias veces, de maneras muy distintas, con diferentes directores. Es por esto que los ensayos previos a un concierto suelen durar varios meses.

Hay quien me pregunta insistentemente por qué a los melómanos nos gusta poseer siempre varias versiones de una misma obra. Yo, por ejemplo, tengo siete versiones de cada una de las nueve sinfonías de Beethoven, cada una dirigida por un director distinto y diferentes orquestas.

La explicación, después de lo ya expuesto anteriormente, es bastante sencilla; cada una de estas versiones tiene un sentimiento diferente que la hace especial, algunas son más rápidas, otras más lentas, unas cuidan más los detalles mientras otras buscan optimizar al máximo la belleza del sonido de cada instrumento, pero todas y cada una son especiales por alguna razón.

Puedes escuchar dos versiones de una sinfonía y sentir cosas completamente diferentes. ¿No me creeis? “Seguro que este loco está exagerando”, pensaréis. Pues para muestra un botón; aquí tenéis dos audios que reproducen el mismo fragmento del segundo movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven:

Director: Karl Böhm

Beethoven – Sinfonía Nº 9 [II] (Bohm)

Director: Herbert von Karajan

Beethoven – Sinfonía Nº 9 [II] (Karajan)

Como habréis podido apreciar, la versión de Böhm es mucho más lenta y detallista que la de Karajan, pero también es cierto que tanta lentitud la convierte en más pesada al escuchar, resultando más alegre y vibrante la segunda versión. Ya se sabe, para gustos los colores.

Otro ejemplo muy claro se puede apreciar en estos otros audios correspondientes al mismo fragmento del quinto movimiento de la Segunda Sinfonía de Mahler:

Director: Giuseppe Sinopoli

Mahler – Sinfonía Nº 2 [V] (Sinopoli)

Director: Riccardo Chailly

Mahler – Sinfonía Nº 2 [V] (Chailly)

En este caso es la segunda versión la que se interpreta más lento y la primera la que da algo de dinamismo en perjuicio de los detalles.

La música, como ya sabemos, es una conjunción de elementos, como son la melodía, el ritmo, la velocidad, etc… Una buena melodía no es nada si no se combina con un ritmo adecuado y una velocidad justa para ese ritmo; un vals, por ejemplo, no suena igual de romántico y bailable si se toca a una velocidad excesiva o escasa, debe ser interpretada a la velocidad justa. De la misma forma, un “scherzo”, que debe tener un ritmo más acelerado, más bien fiestero, si se interpreta demasiado lento, lo que gana en detallismo lo pierde por la falta del sentimiento que el compositor quiso expresar con él.

Hay directores, como Daniel Barenboim, que interpretan cada obra pausadamente, centrándose en los detalles, en cada nota, como leyendo entre líneas, mientras que otros, como Nikolaus Harnoncourt, prefieren llevar un ritmo más vivo, por lo que, logicamente, pierden el detalle en ciertas partes y cierta lucidez en otras. A mí personalmente, me gusta que cada obra lleve su velocidad justa, sin perderse nada por el camino, un “adagio” (melodía lenta y romántica) no tiene por qué tocarse excesivamente lento, así como un “scherzo” (pasaje fiestero y juguetón) no debe sonar endiabladamente rápido.

Como siempre, el secreto está en el término medio, aunque también sé que esto es prácticamente imposible. De hecho, llama la atención que muchos directores se especializan en un grupo concreto de compositores (por épocas y estilos) y raro es aquel que interpreta bien todos los estilos musicales; Karajan y Barenboim rara vez serán vistos en discos interpretando sinfonías postrománticas (finales del siglo XIX) como las de Mahler, y no verás (salvo excepciones) un disco de Otto Klemperer o Leonard Bernstein interpretando a Mozart (finales del XVIII), a pesar de que estos últimos son de los mejores entre los “mahlerianos”.

Este último parrafo dice mucho de la complejidad que encierra la música clásica y la dificultad que encuentran los directores a la hora de captar los sentimientos del autor e inculcárselos a sus músicos y, especialmente, al público.

Es por ello que suelen ser personas de gran carácter y personalidad, muy seguros de sí mismos, alcanzando, muchos de ellos, la más profunda soberbia. Imaginaos por un momento un escritor tratando de traducir a Shakespeare o un pintor intentando copiar un cuadro de Monet. Se puede uno imaginar la dificultad que encuentran éstos en tratar de plasmar el sentimiento y talento de los autores originales, sólo un artista con un talento similar al suyo puede conseguirlo.

Es la misma situación que la del director musical, sólo un músico con el talento interpretativo de Beethoven puede dirigir la novena de manera magistral. Es por ello que contados directores tienen reconocimiento internacional, llegando algunos de ellos (los más talentosos) a convertirse, como Mahler o Wagner, en miembros de honor en la historia de la composición.

Y aunque me haya extendido en demasía, es esta la razón por la cual la gente que ama la música, la escucha y extrae de ella algo más que simples sonidos, disfruta de cada una de las diferentes interpretaciones de una obra, contando casi siempre con una favorita para cada composición. ¿Te gustaría entrar más en detalle en este mundo? Pues sigue este blog y encontrarás lo que necesitas.

Autor: Luis Sancho | Categoría: Arte y Cultura | Sin Comentarios
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Luis Sancho

Luis Sancho

Ingeniero Informático
MBA IE
Fundador de Tenders.es
Fundador de ManyThings

Emprendedor en el sector de Internet y las Tecnologías de la Información.
 
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